InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías>Peregrinaciones
   
 
Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Alonso Gerardo Garza Treviño, Obispo de la Diócesis de Piedras Negras, Coahuila, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

17 de julio de 2007

Cada vez que acudimos a la misa tenemos la oportunidad de escuchar la palabra de Dios y reflexionarla, en esta ocasión en que estamos en misa en la casa de Nuestra Madre, yo les invito a reflexionar en la palabra de Nuestra Madre María que está dentro de la palabra de Dios; es decir, dentro de la misma revelación de lo que Dios nos comunica a nosotros, pero por medio de la Virgen María.

Invito a ustedes queridos padres de la diócesis que nos acompañan, a todos ustedes mis hijos de esta querida Diócesis de Piedras Negras y a todos los que hoy se encuentran aquí, los invito a todos a que reflexionemos en tres palabras, en tres frases de la Santísima Virgen que definitivamente las hemos reflexionado, pero que siempre nos traen algo nuevo.

Son las tres preguntas que llegan no sólo a la mente sino al corazón y estas tres preguntas se quedan profundamente en nosotros, tres preguntas que dirige la Virgen María: vamos a pasar a la primera, aquella pregunta que le hace la Virgen al Arcángel Gabriel cuando este le anuncia el plan de Dios, para que Ella sea la Madre del redentor, se acuerdan la pregunta que el hace la Virgen al Arcángel, que es una pregunta que le está haciendo a Dios, pero se la hace directamente al Arcángel, le dice: ¿cómo podré yo ser madre si he prometido yo ser virgen?, es decir, como podrá ser esto si yo permanezco virgen, ese como de la virgen, no encuentra respuesta en su lógica o en su cabeza.

Esto nos hace ver a María tan cercana a ti y a mi, que también muchas veces nos preguntamos ¿cómo? porque hasta dónde yo alcanzo en mi cabeza, en mi inteligencia, no alcanzo a descubrir ¿como voy a solucionar este problema que tengo?; ¿cómo voy a conseguir la meta que me propuse y que la veo tan lejana?; ¿cómo le voy a hacer para educar a mis hijos en este tiempo tan difícil y que parece que no me hacen caso?; ¿cómo le voy a hacer para compones mi matrimonio, que ya se ha venido desbaratando con el paso de los años?; ¿cómo le voy a decir a aquella persona esto que necesito comunicarle?; ¿cómo va a seguir mi familia adelante, cuando parece que se está viniendo a bajo?; ¿cómo seguiremos viviendo tranquilos en nuestra Patria, cuando vemos tanta inseguridad?; ¿cómo vamos a estar mejor, si en algunos campos vamos para abajo y lamente, mis hermanos, mis hijos, mis padres, la mente no nos alcanza?, a ver ¿cómo le vamos a hacer?

Entonces nos sentimos como la Virgen María y escuchamos la respuesta que se le dirige a Ella y que hoy también se nos dirige a nosotros: no hay nada imposible para Dios. El Arcángel se lo dice muy claro a María: es el Espíritu Santo descenderá sobre ti y te cubrirá con su sombra.

Hoy en nosotros también María con su presencia, su experiencia, con su vida nos dice lo mismo que Ella escucho: Hijos no hay nada imposible para Dios, es importante que ustedes piensen el cómo, porque ustedes tendrán que buscar la respuesta a toda situación que estén viviendo, pero no se olviden que más allá de si lógica, más allá de su poder, más allá de sus fuerzas esta Dios, con su lógica, con su omnipotencia, con su gracia y no hay nasa imposible para Él.

Si este día tú quieres presentarle al Señor un ¿cómo? de tus cosas, de tus asuntos, de tu vida, preséntaselo por medio de Nuestra Madre del cielo, pero también escucha a quien te dice: nada es imposible para Dios.

Luego viene la segunda pregunta de María, es cuando Ella anda tan angustiada junto con José su esposo, porque han perdido a su hijo Jesús a la edad de doce años y después de buscarlo lo encuentran en el templo entre los doctores.

Y tú te acuerdas de aquella pregunta de María a Jesús ¿porqué te has portado así con nosotros hijo? tu padre y yo angustiados te buscábamos. Sí María en la anunciación presentó el ¿cómo? ahora en el templo presenta el ¿por qué? ¿cómo nos sentimos cercanos a María? Como la sentimos tan parecida a nosotros, que también cuantas veces nos tempos preguntado ¿por qué, igual que María? ¿por qué me paso esto a mí?, ¿por qué se fue esa persona que yo amo tanto, de esta vida? ¿por qué estoy yo en esta situación?, ¿por qué no he podido salir adelante? Y viene uno y otro ¿por qué? Y junto con estos por qué se presenta igual que en la Virgen María el miedo, el pánico, la angustia, el terror, porqué, porque son porqués que no podemos respondernos, que tampoco alcanza nuestra inteligencia a responderlos y por eso a veces nos lo preguntamos una, cinco, diez y cien veces y cada vez que no lo preguntamos nos quedamos peor, porque otra vez volvemos a escarbar y no encontramos nada.

Cuando María le pregunta a Jesús adolescente el porque, Cristo le responde con otra pregunta y le responde con otro porque, te acuerdas, ¿por qué me buscaban, no sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre? Cuando tú cuestionas a Dios, el Señor te dice que te cuestiones tú.

Cuándo tú le preguntas s Dios, el Señor te responde que te preguntes tú, que te preguntes porqué no has acabado de descubrir que hay un plan de Él, que va por encima de el plan tuyo, que porqué quieres que se cumpla tu plan y no el de Él, porque aparentemente tú plan te va a traer mayores beneficios que el que Él te presente y Cristo le dice: ¿por qué mamá? ¿por qué papas? Que acaso no debo seguir el plan que Dios Padre tiene para mí.

Y es María que hoy te dice y me dice: que cada vez que le preguntes a Dios ¿porqué?. Y cada vez que le preguntes a la vida un ¿porqué? tu también te preguntes ¿Por qué te has olvidado de ese proyecto que el Señor, en el cual te ha incluido, en el cual estas presente, ya que esa respuesta pregunta, ante esa pregunta respuesta de Dios, no nos queda sino decir que el Señor siempre tiene el porqué y para que y que ante cada porqué nuestro existe un para que de Dios, que el Señor lo permite por su amor para que nosotros cumplamos su proyecto.

En estas dos preguntas de María ¿cómo es posible esto? Y ¿por qué te has portado así con nosotros? hay una respuesta común, incluye a Dios, no estas sólo, acuérdate que Dios y tú trabajan juntos, viven juntos, deben planear juntos, deben ver juntos, deben de amar juntos.
Viene finalmente la tercera pregunta de María.

Si aquí la vemos tal igual que nosotros y nosotros nos sentimos tan cercanos a Ella, en la tercera pregunta, todavía más, lo decimos en nuestras palabras: se voló la barda; porque la tercera pregunta la hizo aquí a unos metros de donde estamos, aquí en el Tepeyac, aquí en México, y cosa igual no ha hecho con ninguna otra nación.

La tercera pregunta la hace a uno de nuestros antepasados, a Juan Diego. Ahora como Ella ya ha entendido la respuesta y la sabiduría de Dios, ahora Ella le pregunta a Juan Diego cuando lo ve preocupado, angustiado, inquieto por la salud de su tío Bernardino y lo ve tan preocupado por tantas cosas que tiene que hacer.

Ahora María le lanza la pregunta a Juan Diego, después de decirle Hijo Mío, porqué te inquietas, porqué te preocupas, le lanza esta gran pregunta: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?

Esta tierra, aquí donde estamos hoy, donde Dios nos permite haber estado presentes hoy, esta tierra escuchó esa pregunta de María. Este Cerrito del Tepeyac junto al cual estamos fue testigo de esta pregunta de María. Ella la que plasmó su Imagen en este hermoso Ayate de Juan Diego que hoy nuestros ojos agradecidos lo contemplan.

Y es María que hoy te pregunta a ti también, que has venido de cerca o de lejos, hija, hijo ¿por qué andas con tantas cosas de preocupación en tu interior? ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?, ¿No estas tú sobre mi regazo y bajo mi protección? Aquí está María hoy con esa pregunta, que ya no la dirige a Dios, ni al Arcángel Gabriel, ni a Juan Diego, ahora te la dirige a ti como tu Madre, aquí estas frente a Ella y aquí está Ella frente a ti y te esta invitando es esta pregunta a confiar plenamente en Ella.

Madre tuya, Madre de los mexicanos, Madre de todos los creyentes, ante Ella, nuestra Madre, con quien nos sentimos nosotros tan cercanos, hoy te manifestamos nuestra gratitud porque esta aquí y porque estamos aquí, esto es lo principal que hoy agradecemos porque siempre está aquí Mamá para lo que se nos ofrezca, como no decirle gracias y hoy le decimos: ¿gracias Mamá porque nos permitiste venir a tu casa, que es nuestra cada!.

Dile desde el fondo de tu alma, ¡gracias Mamá que bueno que hoy nos podemos encontrar tu y yo a los ojos!.
Sabemos que en esa pupila de tus ojos en los estudios que se hacen se descubren las imágenes de las personas que te vieron por primera vez. Sabemos que hoy estamos ya no en la pupila de tu ojo, pero si en la pupila de tu corazón y que tú nos estas contemplando en este momento.

Gracias Madre por los cuatro años de vida de nuestra Diócesis de Piedras Negras, por todo lo que nos has permitido vivir durante este tiempo, gracias por la solidaridad tan fuerte de la cual nosotros fuimos testigos en el tornado que vivió nuestra Ciudad de Piedras Negras, hace un poco tiempo. Gracias porque nos manifestaste tu amor y porque manifestaste la verdadera hermandad y la solidaridad de tantos hermanos fuera y dentro de la diócesis. Gracias  Madre porque hemos podido terminar nuestro obispado con el apoyo de todos los fieles de nuestra diócesis, desde donde ahora nosotros tenemos el centro de vida de nuestra Iglesia.

Gracias Madre por el avance en nuestro Proyecto de Pastoral, porque cada vez estamos más cerca de ir aterrizando en proyectos concretos en beneficio de nuestro pueblo.

Gracias Madre porque tú nos has conseguido de Dios en todas las comunidades tantas que están dedicadas a ti en nuestra diócesis y tantas que sin estar dedicadas a ti estas tú presente en ellas, es decir, en todas.

Gracias porque en todas las parroquias, rectorías, en nuestro seminario, en nuestras comunidades en todas nos has manifestado tu amor maternal. Gracias Mamá María de Guadalupe por lo que a cada uno de los que estamos aquí nos has conseguido de Dios, gracias por todo y gracias por todos, gracias porque nos sigues acompañando. Ponemos ante ti María nuestros proyectos, nuestros planes, te encargamos a nuestros sacerdotes a los que están aquí en esta concelebración y a todos los que están allá en sus comunidades, te encargamos a nuestros seminaristas y a todos los que muy pronto, la próxima semana estarán en nuestro, preseminario, bendícelos y ayúdalos.

Te encargamos Madre nuestras familias, a los que hemos dejado allá en casa, tu hazte presente en ellos, así como con la presencia de Juan Diego ante ti, tu bendijiste a su tío Bernardino, así también con mi presencia aquí, bendice a todos los de mi familia, a todos los nuestros, que por ti consiga toda clase de y toda bendición del Señor y por último María nos presentamos ante ti para llevarnos la bendición del Padre junto con tu bendición, para llevarnos la bendición a nuestra tierra, nuestros hogares, nuestra Diócesis y a nuestro pueblo que junto contigo vaya tu amor de Madre acompañándonos para que colaborando contigo vayamos cumpliendo la voluntad de Aquel que nos ha hecho presentes en esta nuestra casa que es tu casa.

A ti Madre, hoy, junto con nuestra oración te manifestamos nuestro amor, nuestro cariño y nuestra gratitud con el aplauso fuerte que presentan nuestras manos y que expresa nuestra alma.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados